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Columna de Opinión
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Hace algunos años, cuando trabajaba para un banco internacional, tuve la oportunidad de conocer a Félix (su verdadero nombre polaco era impronunciable para mí), a quién siempre evoco con especial estima. Recuerdo las largas charlas que manteníamos con un café de por medio sobre los más variados temas. Félix era un hombre bastante mayor, aunque su contextura física lo revelaba todavía muy fuerte para su edad. Esa solidez física justamente fue la que lo había mantenido con vida en un campo de concentración de la segunda guerra mundial ya que con su fuerza física podía arrastrar las vagonetas en las minas de carbón. Así fue como se salvó del holocausto. Su brazo izquierdo todavía develaba la marca infame a la que había sido sometido, pero que él no trataba de ocultar. Sumamente inteligente e informado, con una experiencia de vida impresionante -no se me ocurre otro adjetivo mejor-, Félix era un observador atento de la política internacional y de como ésta afecta a los mercados financieros y de commodities del mundo. Estas observaciones a veces me resultaban un poco extrañas, ya que ora le preocupaba el precio del oro ora el de la lana. Particularmente me extrañaba su interés por el precio internacional de la lana, sabiendo además que no era productor ovino ni tampoco industrial textil.
Por supuesto que estas observaciones podrían haber sido muy útiles hasta mediados del siglo XX, pero hoy con los cambios evidentes en la tecnología bélica, resultan irrelevantes. Ya no se utiliza la lana como una materia prima principal para la confección de uniformes militares. Estas observaciones de mi amigo Félix, las traigo hoy para ilustrar como un método que pudo haber resultado eficiente para anticipar los mercados en el pasado, hoy tiene poca o ninguna relevancia. Algo parecido puede decirse del oro. Con mucha frecuencia escucho como algunos inversores creen que el precio del oro se mueve en dirección inversamente proporcional al mercado accionario o a las tasas de interés, cuando la evidencia indica que esto no es así. Y si alguna vez lo fue, esta no es la realidad del mercado hoy. Para ello influyen muchos factores, uno de los más evidentes, es de que el oro ya no tiene la importancia en los activos de reservas de los países como solía tenerlo hace unos años atrás. Peor aún, muchos inversores de bolsa venden sus acciones para comprar ¡otras acciones! de empresas vinculadas a la prospección y extracción del áureo mineral, con el fundamento de que se están diversificando "pasándose al oro". No estoy en contra de la tenencia de oro físico o en certificados, como medio de diversificar un portafolio de activos. Me parece una buena política, aunque prefiero las obras de arte o los bienes raíces como reserva de valor. Pero no creo que vender acciones para comprar otras acciones sea el equivalente de "pasarse al oro". Las observaciones de mi amigo Félix, siempre me recuerdan que no importa cuán valido resultó en el pasado un método de toma de decisiones financieras, siempre deberemos revisar estos métodos con la realidad del momento en el que vivimos y que debemos estar permanentemente actualizando nuestros conocimientos. En el mundo globalizado de hoy, donde todavía existen diferentes naciones, pero hay un solo mercado financiero mundial que se puede operar durante las 24 horas del día, (a la noche en Asia, a la mañana en Europa y a la tarde en América) y los capitales se mueven a través de la fibra óptica, el inversor inteligente es quién maneja la mayor y mejor información. Incluso quienes contratan los servicios de un asesor de inversiones profesional, porque no tienen el tiempo o la capacidad para hacerlo ellos mismos, deben manejar correctamente los fundamentos de las finanzas internacionales. Parafraseando a los expertos en calidad total: "La faena de obtener una buena educación financiera es una tarea de mejora continua".
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