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| Columna de Opinión | Editorial |
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Columna de Opinión 14 de mayo de 2002 |
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Charles Ponzi, nacido en Parma, Italia en 1877 y fallecido en un hospital de caridad en Río de Janeiro, Brasil en 1949 en la total pobreza, será recordado por siempre en el mundo de las finanzas como el promotor más famoso de inversiones en fondos de esquema piramidal. Tanto es así que cuando se trata de explicar este tipo de maniobras, se hace referencia a "Esquemas Ponzi" o "Ponzi Finance". En el Boston de los años 20, Charles Ponzi recibió de su Italia natal una correspondencia que incluía unas estampillas de porte pagado. Al cambiarlas por dólares notó que había una diferencia a su favor en el arbitraje que le reportaba unos pocos centavos por cada una. Con ese solo argumento de negocio y un poder extraordinario de persuasión, convenció a sus amigos de invertir con él su dinero con la promesa de devolverles su inversión a los 90 días con un interés directo del 45% sobre el capital. A las pocas semanas tenía una fila enorme de personas deseosas de invertir en el "negocio de Ponzi" y que no querían tener la vergüenza de ser los tontos del barrio que no habían invertido en un negocio seguro. Por supuesto que Ponzi no compró sino unos pocos dólares en estampillas y el dinero que recibía de sus nuevos inversionistas los usaba para pagar a los primeros que habían entrado en el "negocio"; Estos a su vez les contaban a sus amigos de como habían recibido su dinero de vuelta con una apreciable ganancia. Así se generaba una nueva demanda de inversionistas que alimentaba a los demás. Bien, eso era en Boston en los años 20, el negocio de Ponzi no duró sino hasta unos pocos meses cuando los últimos inversionistas se percataron de que no había forma de recuperar el dinero y se agolparon formando una turba furiosa en la puerta de la casa de Ponzi reclamando su dinero, mientras este marchó a la cárcel protegido por la policía para no resultar linchado. Otro caso famoso de esquemas Ponzi se vio en la Albania posterior a la caída del muro de Berlín cuando en Enero de 1997 una banda de estafadores utilizando el mismo método dejó en la ruina a unos pobres Albaneses que confiaron en la "nueva" economía que no conocían. Cuando a comienzos del siglo 21 una economía como la Argentina entra en un espiral de deuda incontrolado que lleva a tomar fondos con un premio de 5.000 puntos bases y los inversionistas y los organismos multilaterales de crédito continúan prestando a esas tasas de interés, parece que nos encontramos con una actividad financiera conocida. Cuando la exigencia de tomar préstamos es tal, que el gobierno obliga a los bancos a comprar bonos del gobierno, ¡y estos aceptan!. Cuando los bancos toman dinero de sus depositantes a plazo fijo a 30 días con un interés anual en dólares del 23% para reinvertir esos fondos en títulos del gobierno federal o provincial a tasas escandalosamente altas comparadas con la tasa internacional vigente, ya la sospecha de que nos encontramos ante un esquema Ponzi es bastante firme. Pero cuando vemos depositantes de clase media, jubilados y trabajadores que no conocen la historia y que confiaron en su banco de toda la vida golpear con una cacerola la puerta de los bancos clamando para que le devuelvan su dinero, ya no me cabe ninguna duda de que la Argentina de finales del año 2001 había entrado en un esquema piramidal de inversiones que llegó su fin. Técnicamente podemos definir a un
esquema Ponzi, como un tipo de actividad financiera donde los cargos Un tomador de préstamos que tiene algún control sobre el precio del mercado en donde emite su propia deuda personal hará su propio juego de Ponzi, o sea, el repago de la deuda con la emisión de nueva deuda. Esto es en realidad lo que la Argentina hizo para alimentar al enorme déficit fiscal que arrastraba desde décadas. Cuando ya no se podía echar mano a la inflación por que la convertibilidad 1 a 1 con el dólar se lo impedía, y el dinero de la privatización de las empresas estatales se terminó, el gobierno se vio obligado a tomar dinero prestado a tasas cada vez mas altas para pagar los intereses de los bonos y prestamos que iban venciendo, ingresando en una escalada de la pirámide que la historia se encarga de recordarnos como termina. Como bien lo dicen Brealey y Myers en su libro "Fundamentos de Financiación Empresarial "(1). No existe una máquina de hacer dinero. En los mercados de capitales que funcionan correctamente, cualquier máquina potencial de hacer dinero será eliminada casi instantáneamente por los inversores que intenten aprovecharse de ella. Por tanto, tenga cuidado con los autocalificados expertos que le ofrezcan la oportunidad de participar en una "cosa segura" Si los agentes económicos que tienen acceso al crédito se podían endeudar en el exterior al 8% y depositar ese dinero en los bancos argentinos al 23% no cabe duda de que estamos frente a una "máquina de hacer dinero" La moraleja de esta historia es que no importa cuán segura parezca una inversión, siempre debemos hacer nuestra tarea. Si las tasas en dólares en todos los mercados valen 3 o 4% ¿porqué alguien estaría dispuesto a pagar el 23%? Si la respuesta a esta interrogante no la podemos explicar clara y sencillamente en pocas palabras, es que deberíamos huir de esas inversiones y poner nuestro dinero a mejor resguardo a riesgo de parecer los tontos del barrio.
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