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 Columna de Opinión  |  Editorial
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26 de abril de 2001
Alejandro Thul
 CRONICA DESDE SAN FRANCISCO:

Una de las pasiones que nos mueven a los seres humanos es el amor que les tenemos a los autos. Cuando uno va caminando por cualquier ciudad y ve pasar un auto de lujo, lo segundo que hacemos, luego de admirar el vehículo, es mirar a la persona que va conduciendo. No se si lo hacemos por envidia o para criticar al sujeto, pero siempre miramos al asiento del conductor.
También sacamos nuestras propias conclusiones acerca del auto y su propietario. Un Mercedes Benz u otro auto de lujo, generalmente va conducido por un hombre o mujer maduro, de supuesta buena posición económica y con hijos o tal vez nietos. Por el contrario si el auto es un Porsche, Lamborghini o Ferrari, su conductor será un tipo mas joven generalmente soltero, hijo de papá o recién egresado de una escuela de negocios famosa con su flamante MBA debajo del brazo.
Si el auto es suyo (no comprado por el papá, que en todo caso también sería de él, pero ese es otro tema) entonces estamos posiblemente frente a un joven con una idea genial cuya "punto-com" ha sido lanzada al mercado en el pasado reciente y parte de la lluvia de dinero de los inversionistas fue a parar a manos de los herederos de don Enzo o de Ferdinand.

No hay ciudades donde estos últimos ejemplares pululen mas que en San Francisco, Monterey, Carmel y su zona de influencia. Es que la cercanía de Silicon Valley es notoria y como sede natural de todas las empresas de la nueva economía, es aquí donde mas se notan.

El nivel de vida de estas ciudades se destaca a simple vista, los negocios funcionan a pleno, las grandes empresas y conglomerados se hacen sentir en todos los órdenes de la vida. Hasta en los que en principio no parecería que tuvieran alguna relación. Como por ejemplo el deporte. Los partidos de la NBA que juegan los Lakers y los Clippers en Los Angeles se llevan a cabo en el Staples Center un formidable escenario deportivo que costó U$S400 millones.

En San Francisco los partidos de fútbol americano se desarrollan en el 3COM Stadium, y veo por TV que juegan Miami y Orlando en el TDWaterhouse Arena. Todo esto me recuerda que esas empresas son públicas, significa que el público las puede comprar en el mercado de capitales y cualquier poseedor de unas pocas acciones es en parte dueña de la misma, al punto de que una vez al año le envían el Reporte Anual y las instrucciones para votar en la asamblea de accionistas.

El mercado de capitales está presente en todo momento y la mayoría de las familias que ahorran, tienen una parte considerable en acciones de empresas. Esto le da al sistema una liquidez impresionante.

Pero esta no es la principal preocupación de los Californianos hoy en día. El déficit energético es la moneda corriente en las primeras planas de los diarios y no los vaivenes del Pacific Coast Stock Exchange o de sus hermanos de la costa este el NYSE o el NASDAQ.

Titulares de la prensa de hoy: Grandes Lobbies presionan, y el subtítulo dice: Legisladores recibieron millones (de dólares en "colaboraciones para las campañas") dice un estudio reciente.
Otro: PG&E (Pacific Gas and Electricity) enjuiciada por fraude.
Otro mas: El gasto estatal en energía subió 57%.

No son titulares de algún diario sensacionalista de sudamérica, es el San Francisco Chronicle (Abril,18/2001 portada y página A15). Esto me recuerda que en todos lados se cuecen habas y que los problemas políticos se sufren también aquí. La diferencia está en que si uno quiere vender su participación en una empresa la vende en el mercado y si la empresa que distribuye energía o lo que sea, da quiebra o tiene un manejo fraudulento se le puede hacer un pleito.
No tienen la obligación de ser propietarios de una empresa estatal, donde nadie les consulta las inversiones que van a realizar y que no podrán vender aunque así lo quieran.

Los que no me consultaron previamente son las cadenas hoteleras, sin ningún rubor me incluyeron un cargo diario de U$S 12,50 que yo no contaba en mi presupuesto que dice: "Energy Surcharge", así que ya me siento como en casa.

San Francisco - EEUU

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