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25 de setiembre de 2001
Alejandro Thul
New York

Esta columna debería tener un comentario acerca de la compra de Compaq Computer Corp. por parte de Hewlett-Packard Co. y de como las noticias acerca de esta asociación iban a impactar al mundo informático y a la cotización en la bolsa de las acciones de ambas empresas.

También me disponía a escribir acerca de otra gran fusión, la de las compañías de prospección y perforación de pozos petroleros Global Marine Inc. y Santa Fe International Corporation. También pensé en hacer una paralelo entre ambos negocios y observar como los mercados habían reaccionado ante las dos noticias.

Todo esto que estaba mas o menos armado en mi cabeza y que me disponía a poner por escrito, desapareció por completo de mi mente el martes 11 de setiembre de 2001 a las 8:50 horas, horario de New York.

A partir de ese momento no he podido sentarme a escribir nada que no tenga que ver con los sucesos de ese día, por lo que me di cuenta de que necesito referirme a esto antes de seguir con otros temas.

Mi primer contacto con la ciudad de New York se produjo en un mes de Diciembre de hace unos cuantos años y apenas llegado al aeropuerto JFK sentí que volvía a una ciudad que percibía como mi casa. Era una sensación rara pero a medida que el taxi me llevaba al Downtown parecía que esas calles ya las había recorrido con anterioridad.

Mi hotel estaba en Church St. entre Liberty y Vesey St. y digo estaba, por que ahora no está mas. Lo que era una torre de vidrios negros tipo "courtain wall" de una elegancia incomparable y con un nombre muy sugestivo para la época en la que me alojé allí, es ahora un esqueleto de acero al que las fotos de la prensa muestran como una estructura que apenas se sostiene y donde todavía se adivina el nombre de "Millenium Hotel" en su fachada.

La habitación tenía una vista maravillosa hacia el oeste, y entre las dos torres del World Trade Center se veía un enorme reloj de publicidad de un conocido dentífrico en la costa de New Jersey.

Con el cambio de horario que había sufrido luego de 10 horas de viaje, mi reloj biológico me despertaba cuando todavía no había amanecido en New York. Para ese entonces ya tenía el Wall Street Journal por debajo de mi puerta, entonces me levantaba, abría las cortinas y me sentaba a leerlo y a ver el amanecer.

El espectáculo de ver el reflejo dorado del sol amaneciendo en las ventanas del World Financial Center y de las torres gemelas que estaban al otro lado de la calle era increíble. La ciudad comenzaba a despertarse y a medida que pasaban los minutos el brillo, al principio oscuro y tenue, se transformaba en un rayo de luz que se volvía cada vez mas blanco. Era como ver el amanecer reflejado en un espejo gigante de 110 pisos de altura. Por dos.

He ido de visita a New York otras veces y sigo teniendo la sensación de que es "mi" ciudad. Pero cuando cierro mis ojos y trato de recordar alguna imagen de ella siempre aparecen en mi memoria los amaneceres reflejados de Church St.

Hoy el dolor y desconsuelo por las mas de 6000 víctimas inocentes de la barbarie, me llevan a recordar a la ciudad de New York con un nudo en la garganta y sé que para la gente que perdió a un ser querido no habrá nunca una explicación posible.

Mucha gente dice que recuerda exactamente donde estaba y lo que estaba haciendo cuando asesinaron a J.F.K. Yo siempre voy a recordar el momento en el que me enteré de los atentados del 11 de Setiembre. Parafraseando entonces a Kennedy en su famoso discurso de Berlín frente al muro, todos queremos hoy decir "We are all New Yorkers".

Nota de la Dirección:
Las fotos que ilustan esta columna, fueron tomadas por Alejandro Thul en oportunidad de su visita a New York.

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